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La Barra y Trulalá exportaron toda su alegría

Por kuartetoadm | 30 de marzo de 2007, 09:28

Se dividieron el público y ninguno logró colgar el cartelito de “No hay más localidades. El miércoles a la noche el Ópera y el Gran Rex, dos de los teatros más importantes de la calle Corrientes, presentaron a La Barra y Trulalá, respectivamente. Las orquestas más poderosas del cuarteto cordobés –después del solista “La Mona” Jiménez– desembarcaron en Buenos Aires el mismo día y a la misma hora, y dieron un toque de color a una cartelera que anuncia para los próximos días a Marisa Monte y Julio Bocca.

El público de La Barra, en el que abundaban el gel y los “claritos” entre ellos y tacos altos entre ellas, pagó una entrada que costaba entre $ 20 y $ 60, ocupó el 90 por ciento de las 2.200 localidades del Ópera. En tanto, Trulalá llenó el 80 por ciento de las 3.400 butacas del Gran Rex con un público más familiar, en el que se destacaban club de fans y un grupo de vistosas gitanas. Las entradas: entre $ 25 y $ 70.

La misma vereda. Cuando caía la tarde de una jornada lluviosa, en la puerta de los teatros comenzó a formarse la fila para entrar. Mientras, los vendedores de gorras, banderas, vinchas y remeras, afinaban sus estribillos. La oferta de merchandising en ambas veredas era pareja en los precios –una remera costaba entre $ 15 y $ 20–, pero La Barra sacó un punto de ventaja con los portacelulares alusivos y gentiles promotoras que distribuían volantes en los que se anunciaba la posibilidad de bajar ringtones con temas del grupo.

Las puertas del Ópera se abrieron a las 20.30 y las primeras para entrar eran tres amigas cordobesas que viven en Buenos Aires. “Nos gusta La Barra, amamos a la ‘Pepa’ (Brizuela) y no podíamos faltar hoy”, aseguraron. No todos eran cordobeses en la fila. Fernando, de 23 años, llegó desde Merlo, Buenos Aires, con su novia Romina. “Sigo a La Barra desde hace siete años –cuenta–, me gusta la voz de la ‘Pepa’ y las letras son muy buenas, dicen cosas”. A su lado, Pablo, otro bonaerense, pero de 29 años, lucía una remera del grupo, diseñada por él mismo. “En diciembre vinimos a verlos y no se vendían remeras; como estoy en el rubro, me hice algunas para mí y para mis amigos”, explicó. “Los sigo por todos lados –agregó–: estuve en Forja, en Villa Retiro, en el Hipódromo y varias veces en Loft’s. Esta noche capaz que nace mi hijo, pero preferí estar acá”. Al frente, el clima era similar. Un grupo de chicas radicadas en Buenos Aires, pero con familia en Cruz del Eje, decía preferir a Trulalá, “porque nos regalaron las entradas”.

Contenidos por butacas. Minutos antes de las 21, Trulalá comenzó con la presentación del disco Ta’ copao. “¿Saben que Trula es joda? –arengó el locutor– ¡Y esta noche habrá mucha joda!”. Y el bandón comenzó a sonar, con músicos con trajecitos grises, zapatitos blancos y la voz de Alejandro Ceberio. Un público de pie y saltarín –no había espacio para bailar– se trenzó con acomodadores que controlaron que nadie se sentara en el respaldar de las butacas. “Trulalá un sentimiento nacional”, decía una de las varias banderas que se desplegaron en el escenario durante un espectáculo en el que se recordó a Manolito Cánovas, Gary y Pablo Ravassollo, “el ángel de Trula”, fallecido hace más de un año en un accidente de tránsito.

La Barra comenzó su show después de las 21. Se oyó un “Buenos Aires, ¿sabés quién llegó?” y enseguida apareció Brizuela. Y los celulares se elevaron en busca de la foto. Otra vez público de pie, banderas, acomodadores inquietos y butacas estorbando lo que podría ser una pista. Ritmo tropical y caídas románticas –en las que se lució Daniel Guardia– se alternaron durante dos horas y media. “Trulaleros” y “barramaníacos” tuvieron “sus” momentos en donde atiende Dios. Y se viene La Mona en el Luna (sólo falta arreglar la fecha). Queda dicho: Buenos Aires, carne de tunga – tunga. Fuente: La Voz

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