El Toro Quevedo: “Las Lentejuelas no van conmigo”

Por kuartetoadm | 27 de octubre de 2006, 10:59

Un mate cocido. Eso es lo que desayunó ayer Toro Quevedo antes de la entrevista; es la misma infusión que compartió en una merienda de 1986 junto a Pato Lugones, propietario e ideólogo de Chébere. Sólo que aquella vez lo pidió en Aristóteles, un desaparecido bar de avenida Olmos en cuya carta el mate cocido brillaba por su ausencia. No obstante, el mozo se las arregló para complacerlo.

Fue un gesto del gastronómico, porque, en ese momento, Quevedo estaba lejos de ser el “Toro”, el cantante que mañana celebrará sus 10 años como solista. “Pato Lugones me citó. Merendamos y me dio la dirección, el día y la hora de la prueba. Fue en la casa del Negro Videla en barrio San Rafael”, recuerda Quevedo acerca del big bang de un cometido que duró 10 años y legó 17 discos. En la voz del ya conocido como Jorge “Toro” Quevedo, Chébere construyó clásicos como Fuiste mía en setiembre, 25 rosas y Leña seca, entre otros. “Lo mío es pop romántico que excede el cuarteto. Siempre tuve tendencia a eso”, dice el cantante a la hora de rotular esa contribución.

–¿De dónde venías antes de entrar a Chébere?

–Venía de Río Cuarto. Empecé haciendo tangos y luego estuve en una orquesta en la onda de Los Pasteles Verdes. Hacía locución y cantaba un solo tema. ¡¡¡Un solo tema!!! Y bueno, como era bancario me trasladaron a Córdoba. Y así fue que un compañero de laburo me contactó con Chébere, que acaba de perder a Fernando Bladys.

–¿Conocías a la orquesta?

–¿Sabés que no? No estaba metido con el cuarteto. Y de Chébere sólo me había quedado algo del “Turco” Julio cuando pasó por Río Cuarto como solista. Me quedó el tema Te vas en palabras. Y es lo que canté a capella en la prueba de la casa del Negro Videla.

–¿Chébere se la jugó por un absoluto desconocido?

–Fue así, se la jugaron. Y fueron hábiles en convertir a Jorge en el “Toro”. Tengo gratitud hacia Chébere. Por eso los invité para que el sábado cierren el espectáculo. Y a Rubinho, el cantante que hizo dupla conmigo hasta agosto de 1996.

Perseverar

–¿Cómo se sostiene un solista por 10 años en un mercado tan cambiante?

–Hay que perseverar. Y es indispensable tener una familia que te apoye, porque en esto hay muchos altibajos.

–¿Alguna vez pensaste en dejar de cantar?

–Sí, claro. En 2000. No había laburo. Pensé hasta en irme del país. Es que la música tiene sus ciclos. Y cuando vos cumplís el tuyo, te golpeás. Y duele. Entonces hay que cambiar, empezar de cero. Hacer viajes en auto, llevar discos bajo el brazo, tocar las puertas en las radios. Y así, un buen día te encontrás en Buenos Aires llenando salones, como pasa ahora.

–Tu tono es grave, firme e impetuoso. ¿Cómo lo cuidás?

–Estudio canto con Daita Faressi. Le debo todo. Me afectan los cambios de tiempo, pero gracias a las clases me quedan reservas. Los operadores también son aliados. Saben cómo hacerte rendir desde la consola.

–¿Cómo es el grupo que te respalda?

–Forma con batería, viola, bajo, teclas, piano y cuatro caños.

–¿No tienen esa percusión merenguera?

–La tenía tiempo atrás, hasta que me convencí de que no iba por ahí. Las nuevas generaciones me conocen, me respetan, pero no bailaban conmigo. No hay que engañarse. No van conmigo las lentejuelas ni los trajes de colores. Soy como me ves.

Fuente: La Voz del Interior

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