El final de mi juventud

Por Producción | 17 de marzo de 2016, 13:17
Por Marcos Naser

Esto empieza allá por el 97 o 98. Yo tenía 8 o 9 años. Era esa edad en que uno aprendía los temas, bailaba, se divertía, pero no tenía ni idea quién era el que cantaba detrás del equipo de música. Con el tiempo fui descubriéndolo cada vez más.

No es mi ídolo, debo ser honesto. Pero sí es uno de mis preferidos. Excepto Gary y Rodrigo, tuve la suerte de ver en escena a casi todas las leyendas del cuarteto. Y la verdad que sí, es uno de mis preferidos. Lo admiro y también admiro la pasión que despierta en los demás.

Escribo esto porque me veo obligado a agradecerle. Esos discos de Trula que mi hermano mayor traía a casa le ponían una sana locura a nuestros días, y me hicieron descubrir una de las grandes pasiones de mi vida. Ese “Aventurera”, que todavía me parte la cabeza cada vez que suena, fue para mí una de las puertas de ingreso a este hermoso mundo llamado cuarteto. Mirá si no voy a tener motivos para agradecerle.

A medida que fui creciendo, esa forma de alegrar mis días también fue alegrando mis noches. Y vinieron qué se yo cuántos éxitos más y conocí qué se yo cuántas bandas más. El cuarteto se hizo parte de mi vida. En las radios, en la cancha, en la esquina, en la previa con los pibes, en el colegio. Y sí, claro, en el baile también.

En los últimos años, gracias al laburo me tocó conocerlo en persona. Fuera del escenario me encontré con un tipo que cuando te saluda, te abraza fuerte como si fueras un hijo. Descubrí al tipo de barrio, que cada cosa que habla la remata con una historia. Ese tipo al que le preguntás una cosa y te responde veinte. Supe de su fobia por la exposición, y comprendí por qué sale al escenario disfrazado de Loco. Pero lo más importante, al menos para mí: pude conocer en carne y hueso a esa voz que había marcado mi infancia.

“Y ahora te vas…” Sí, ahora se va como quisieran irse todos. Con la tranquilidad de haber dejado una huella imborrable para buscar definitivamente la otra tranquilidad, la de vivir en familia. Me gustaría saber si los que critican su decisión no quisieran retirarse a los 43, con plena salud como para disfrutar de sus hijos y su señora. Claro que sí. Lo banqué desde que me enteré de su retiro, que por cuestiones de trabajo lo supe un día antes de que saliera públicamente. Esa mañana caminaba por la calle, pálido, sin poder hablar ni una palabra. Todavía no podía decirlo, y mientras me tragaba lo que tenía que callar, mi cabeza empezó a recordar lo que este tipo significó para mi infancia y mi adolescencia.

Es cierto, y repito, banco su decisión a muerte. Pero ahora que se está yendo, quiero que sepa que se está llevando mi juventud. Apenas termine su último baile ya no voy a ser joven. Se cierra una etapa de mi vida, dicen que la más linda, la más divertida, la mejor. Él fue una de las personas que marcaron de punta a punta esa etapa. Me dio juventud y ahora me la quita. Qué extraña que es la vida. Pero bueno, quedarán para siempre miles de recuerdos en forma de imágenes y de canciones en lo más profundo de mi corazón. Sólo me resta decir gracias Loco, gracias Cabezón, gracias Cristian. Estuvo bueno ser joven.

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